Alberto Mejías
Alberto Mejías: Preservemos nuestra identidad

Nuestras ciudades están siendo castigadas con la desaparición del comercio histórico, los oficios y establecimientos de proximidad, afectando a nuestros barrios, familias y a todos nosotros por causa del difícil momento actual. Muchas personas se están quedando sin trabajo, y tristemente nos afecta a todos. También se pierde el valor de identidad de las ciudades y del entorno urbano dónde se encuentran todos estos locales, que forman parte de nuestra vida y la de nuestras familias, formando la personalidad de la ciudad.

Restaurantes que han sido nuestro orgullo, algunos de ellos conocidos internacionalmente, están desapareciendo por culpa de la desafección que tenemos con ellos, después de que han formado parte de nuestra historia por muchísimos años, pero más tristemente por culpa de las instituciones que les castigan en estos momentos con impuestos y cargas abusivas, con normativas innecesarias e inadecuadas para el momento actual de incertidumbre y de peligro de cierre para casi todo el comercio.
Un comercio cerrado desgraciadamente es una vida destruida, es la desaparición de los recuerdos familiares de sus clientes y posiblemente la desertización de los barrios y del entorno urbano dónde se encuentra. Esto se agrava notoriamente cuando se trata de comercios únicos y emblemáticos.

Son los sueldos y ahorros de muchas familias, el trabajo y sacrificio de sus propietarios, el hecho de que no nos reconozcamos en nuestros barrios, que no tengamos un punto de referencia en nuestro vecindario. Debemos recordar que estos restaurantes, bares y establecimientos trabajan casi todos con nuestros productos, con el producto de kilometro cero y proximidad, que además de ser de una calidad consolidada le dan trabajo a nuestros agricultores y todo el personal que tiene que intervenir en el comercio, que siempre es circular. Un negocio cerrado no afecta solo a sus propietarios, afecta a todo el entorno, nos afecta a todos, incluso a todo un país.

Tenemos que ser conscientes de la suerte de poder volver a estos lugares, de protegerlos, de ser sus clientes, de sentirlos nuestros, porque ellos han sido parte de nuestras vidas y de la de nuestros padres por muchísimo tiempo.
Las instituciones tienen la obligación de protegerlos, ya que a éstas las han creado los ejes comerciales y la vida de las ciudades.

Rogamos a las instituciones que procedan con hechos inmediatos, para salvar nuestro comercio de proximidad, nuestros restaurantes históricos, nuestros bares de barrio, nuestro comercio en general, nuestra vida. Así mismo les pedimos con urgencia que no se cobren impuestos abusivos e innecesarios en este duro momento, y que se le preste total atención a las personas.

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